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Biblioteca Islámica

Ciudades míticas, ciudades interiores


Aunque estamos despidiendo el verano, desde este blog aún tenemos tiempo para la ensoñación. A ella nos conducen algunas obras clásicas sobre ciudades orientales de leyenda que nos gustaría conocer, todas ellas disponibles en la biblioteca.

Samarcanda, el más bello rostro

                             que la tierra haya vuelto jamás hacia el sol

AMIN MAALOUF [1]
 
 
mapa ruta de la seda 

Leí hace poco en la revista Altaïr –en papel, antes de que esta publicación desgraciadamente desapareciera– un número dedicado a Samarcanda: la capital del imperio del Gran Tamerlán, todopoderoso soberano a quien Jorge Luis Borges dedicó el poema que encabeza El oro de los tigres; la hospitalaria SAMARCANDA de las dos mil fuentes, remedio contra la sed de cualquier transeúnte.

4-42267Hay ciertos lugares evocadores que predisponen al lector y llevan siglos inflamando el deseo del viajero: Bizancio, Petra, Isfahán, Bujara… Y a su vibrante nombre suele acudir una leyenda mítica suspendida en un espacio-tiempo remotamente impreciso. «BIZANCIO, ciudad tres veces dichosa, ojo del universo, ornamento del mundo, luminosa estrella, faro de este mundo inferior»; «PETRA, ciudad rosa y colorada, la mitad de vieja que el tiempo»; «¡ISFAHÁN, la mitad del mundo!»; BUJARA, «paraíso del mundo».4-60442

La literatura, en su vertiente oral o escrita, ha canalizado tradicionalmente este imaginario colectivo que el viajero ha asimilado antes de emprender su aventura. El viaje físico, en ese sentido, funciona con frecuencia como contraste empírico o complemento a una construcción cultural. En nuestra representación interior, los lugares pierden sus límites precisos y pertenece al ámbito de la imaginación la virtud de convertirlo todo en bello, armónico, infinito… Así, la sensibilidad romántica –y sus numerosos representantes viajeros– favorecía una suerte de nostalgia (Sehnsucht), ya que solo aquello que vive en el recuerdo, en lo lejano y desconocido posee el mágico encanto de la transfiguración. Oriente, promesa de exotismo y lejanía, fue precisamente catalizador y blanco perfecto de ensoñaciones.

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Como vía de conexión entre Asia y Europa, desde Xian hasta Estambul, los lugares que conformaban la Ruta de la Seda han sido especialmente exaltados en su exquisitez y abundancia desde mucho antes de los viajes de Marco Polo hasta nuestros días. Algunos célebres enclaves le deben su fama a este itinerario comercial que precede a la era cristiana y que estuvo activo hasta el siglo XV. Aunque el término que nombra la ruta fue acuñado en el siglo XIX, la seda fue el producto de intercambio estrella entre otras muchas mercancías que avanzaban en caravanas guiadas por camellos.

Con su consolidación como vía comercial, todo aquel que fuera en busca de poder, fortuna, sabiduría o belleza tenía que encaminarse hacia este recorrido cuyas paradas mercantiles reencarnaban a la perfección aquella esencia inefable que perseguirán los románticos. Además de como ruta mercantil sirvió al intercambio de conocimiento y a la expansión del Islam, razón por la cual la práctica totalidad de los países que eran paso en la originaria Ruta de la Seda son, en la actualidad, islámicos.

La novela Samarcanda, escrita por el libanés Amin Maalouf, es un claro exponente de manifestación cultural que contribuye a perpetuar aquella condición de ciudad mítica, especialmente en su libro primero “Poetas y Amantes”. A través de la mirada del poeta Omar Jayyam recién llegado a Samarcanda, despunta como cuna de belleza, poder y sabiduría. Precisamente allí llegó Ruy González de Clavijo, como embajador del rey de Castilla Enrique III, a principios del siglo XV, cuando gobernaba la zona Tamerlán.

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La crónica de aquellos reinos y ciudades de Oriente Medio y Asia Central en boca del viajero Marco Polo constituye un cruce entre la descripción geográfica, la leyenda de fábula y el minucioso inventario de costumbres, tradiciones y mercancías; no en vano, su libro de Viajes es también conocido como El libro de las maravillas. A propósito de maravillas no pueden olvidarse las gastronómicas, recogidas en el recetario El sabor en la ruta de Marco Polo.

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Así, entre la fascinación y el recelo –especialmente marcado frente a los mahometanos– transcurre este libro a partir del viaje que su autor realizara en el siglo XIII.

Según sostiene Juan Barja de Quiroga, pese al éxito del relato, este fue rechazado por considerarse como una invención, teniéndose sus noticias por inverosímiles. La exageración en los números y lo hiperbólico de sus listados le valieron al autor el sobrenombre de Millione, Millón.

Y aquí se produce una paradoja interesante a raíz de la tensión descrita entre la representación colectiva de un lugar y su referente real. Si bien los contemporáneos de Marco Polo eran receptivos a seguir creyendo cualquier maravilla y leyenda referente al lejano Oriente, la realidad –una civilización en muchos aspectos fruto de un grado de organización superior al suyo, y en un estadio más avanzado de progreso– era lo único que no podían aceptar [2].

Una vez más, la distancia permite a la imaginación representarse libremente cualquier lugar o civilización, bien sea con el fin de mitificar a partir de la proyección de un temor o, como suele ocurrirle al lector o viajero contemporáneo, de un deseo.

Bizancio, Petra, Isfahán, Bujara y ¡Samarcanda!

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Sara Díez Ortiz de Uriarte, autora de este texto, es becaria de Gestión Cultural, MAEC-AECID 
 
_________________________________________________________________________
[1] MAALOUF, AMIN (2003). Samarcanda. Madrid: Alianza Editorial.
[2] POLO, MARCO (2009). Viajes. Marco Polo. Tres Cantos: Akal.
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Comentarios

Un comentario en “Ciudades míticas, ciudades interiores

  1. Me he acordado del cuentecillo en el que la muerte le hace una señal a X [unas veces Ahmed, otras simplemente “señor”] y le dice que tienen una cita en… Samarra (para García Márquez), Samarcanda, Isfahán, Bagdad… 😄

    Publicado por T. Llorente | 19 de septiembre de 2014, 7:01 pm

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