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Biblioteca Hispánica, Biblioteca Islámica

“El Quijote”: una utopía necesaria


Conferencia  del Dr. Rafael Ruiz de Lira Fuentes

Con motivo del IV Centenario de la publicación de EL QUIJOTE (Segunda Parte)

Montevideo, 23 de Octubre de 2015

Presentación de Araceli García Martín

Ilustraciones de Gustave Doré y otros


El Quijote, un punto de encuentro

Quijote_Segunda_Parte_01La segunda parte del “Ingenioso Hidalgo don Quixote de la Mancha” apareció en Madrid en 1615, de la mano del impresor Juan de la Cuesta. Cuatrocientos años después, bien merece un homenaje.

Hoy habilitamos en La reina de los mares un salón de actos en el que asistir a una conferencia cuyos ecos nos llegan desde América Latina. Su autor es nuestro compañero Rafael Ruiz de Lira Fuentes, responsable de programas de la Oficina Técnica de Cooperación de Montevideo, Uruguay.

Puede que sobre El Quijote ya se haya dicho todo, pero aún nos reserva muchas emociones por vivir. Al escribir sobre esta obra, escribimos sobre lo que cada uno de nosotros hemos vivido al recrear sus páginas, lo que hemos identificado en esta historia de nuestros conocimientos y nuestras experiencias. Cuando una obra admite mil lecturas, admite también mil interpretaciones personales. Es lo que hace grandes a las grandes creaciones humanas.

La historia de don Quijote y Sancho es, también, la historia de una amistad entre dos hombres buenos. Una amistad diferente, -como diferente es la vivencia de las grandes emociones en cada ser humano-, que va concretando sus trazos a lo largo de toda la novela. Dos amigos, dolorosamente frágiles cada uno de ellos en su individualidad, pero indestructibles en su unión, que deciden salir juntos, abandonar su rutina y recorrer el mundo para corregir injusticias: ¡qué quijotes!

Lo de menos es el motivo, lo importante es que toda aventura se puede iniciar solo, pero únicamente se continúa si se hace en compañía. Y lo de menos es lo lejos que se llegue: a la puerta de casa se puede asistir a los acontecimientos más emocionantes y trascendentales si se tiene con quién compartirlos.

El Quijote es un punto de encuentro que trasciende el espacio y el tiempo. Hoy está aquí, en medio de un blog que sueña con la utopía de llegar al corazón de sus lectores siendo un barco de papel. Nos encanta llenar nuestras bodegas con vuestras aportaciones y por este motivo damos nuestras más expresivas gracias al autor de este texto por confiárnoslo.

Pero atención, suena ya la campana. Señoras y señores, vayan pasando al salón porque el acto está a punto de comenzar.


Estimadas damas y caballeros andantes, buenas noches:

Saben que “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor […] Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada […]  Le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante e irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar aventuras y ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama”.

Este es el claro retrato que Miguel de Cervantes hace de Don Quijote al inicio de su novela “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, y en él está fielmente reflejado tanto los rasgos físicos, el carácter y el objetivo del personaje como el significado, la finalidad y el sentido de su obra inmortal. 

En una pequeña aldea, de disputado nombre aún no sabido, de la región española de La Mancha, mi tierra, Alonso Quijano el Bueno decide armarse caballero andante para aventurase en el mundo y actuar en él, para restaurar la verdad y la justicia, acompañado y ayudado por su fiel amigo convecino y escudero Sancho Panza.

Para ello, Don Quijote decide salir a buscar aventuras como las vividas por los grandes héroes de las novelas de caballerías de la Edad Media europea, desde el Poema de Mío Cid, a los Romances españoles de la Alta Edad Media, la novela pastoril de Amadís de Gaula, los cuentos italianos de Bocaccio, al Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita, entre muchas otras novelas medievales.

Miguel de Cervantes es un gran conocedor de estas obras de caballerías y de la narrativa alto-medieval y renacentista y con El Quijote crea la primera gran novela renacentista de temática universal y de época atemporal. Como Shakespeare y Calderón de la Barca, se plantea desde una ficción aparentemente trivial y tragicómica, una reflexión profunda sobre el sentido de la existencia de los seres humanos: el para qué vivimos y para qué estamos aquí, y nos induce a pensar si podemos ver de otra manera la realidad o, incluso, debemos mejorar nuestro imperfecto, caótico e injusto mundo.

Ante ello, Shakespeare nos plantea un gran dilema y nos dice que en la existencia hay que: “Ser o no ser, ésta es la cuestión”. Calderón nos responde que “La vida es sueño, que vivimos en el gran teatro del mundo”. Pero Cervantes nos advierte que es la vida es: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace. Sólo que Cervantes pone en boca de un hidalgo aventurero e ilustrado, venido a menos, como es Don Quijote, y en un hombre realista del pueblo, Sancho, con un sentido de la vida práctico y popular, lo que Shakespeare pondrá en boca de un príncipe renacentista y Calderón en boca de Dios por medio de sus ministros o de otro príncipe.

Cervantes es autor de la primera gran novela renacentista universal, pero también de la principal obra de teatro moderna en forma narrativa. Y El Quijote es una gran novela renacentista, pero, a la vez, es una obra barroca, costumbrista, romántica, realista, modernista, surrealista, vanguardista, contemporánea y postmoderna. Y todo ello al tiempo. Aunque El Quijote no es una novela de síntesis de varios géneros literarios, sino una obra superadora con creces de los géneros literarios existentes en su época. Es una novela que recoge y desarrolla gran parte de los géneros literarios existentes y los supera en una obra única, sin parangón hasta hoy en la Literatura Universal.

Miguel de Cervantes nos muestra a “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” como un caballero que, aparentemente, provoca la risa o induce a la burla por su aspecto: cuerpo flaco y alargado, de cincuenta años de edad, con un caballo viejo, Rocinante, y unas armas inservibles. Pero su finalidad es destacar la nobleza del espíritu por encima de la del cuerpo (“el hábito no hace al monje”), creando para ello el clima apropiado de una buscada búsqueda y de una incesante sucesión de aventuras y vivencias de este héroe -o mejor de este antihéroe-, donde las derrotas y humillaciones ante los hechos de la dura realidad van, progresivamente, configurando y agrandando su noble, fuerte y compleja personalidad, basada en el amor al prójimo, la humildad, la dignidad, la dualidad, la locura y la libertad.

Don Quijote ve sólo lo que quiere ver: las cosas reales son aparentes y las aparentes son reales, dando por cierto lo soñado. (Tal vez nosotros si no vemos el mundo como Don Quijote es por un exceso de cordura, asumida o impuesta, pero no por falta de ganas y de voluntad de ser plenamente libres y de vivir al límite nuestros sueños).

Sin embargo, a lo largo de la novela (sobre todo ya en su Segunda Parte, escrita exactamente hace ahora cuatro siglos), Don Quijote va cambiando su visión del mundo para no llegar a confundir más la imaginación con la realidad. Y es que el antes hidalgo y ahora caballero andante convierte sus ilusiones de justicia en esperanzas vitales y ya no piensa en el amor como una quimera, como un amor al amor, sino en la realidad del amor, encarnada en la persona de Dulcinea.

Si en la Primera Parte de la obra, el hidalgo Don Quijote vive las aventuras de un héroe, en la Segunda pasa a ser un caballero que quiere mantenerse fiel a sí mismo, transformándose de héroe en caballero. Deja de convertir las ventas en castillos, el abadejo en truchas y los molinos en gigantes para recobrar su visión del sueño como realidad, transformando a Dulcinea en todo un símbolo ideal y real al tiempo. La fama que el hidalgo consigue en la Primera Parte de El Quijote le sirve para allanar el camino y hacerle vivir, en su Segunda Parte, como caballero sus alucinaciones, conjuntando y armonizando, así, el mundo utópico quijotesco con el mundo realista sanchopancesco, la realidad del espíritu con la realidad material:

“-Sancho amigo… las mercedes y beneficios que yo os he prometido llegarán a su tiempo…

 -Está bien cuanto vuestra merced dice -dijo Sancho-; pero querría yo saber (por si acaso no llegase el tiempo de las mercedes y fuese necesario acudir al de los salarios) cuánto ganaba un escudero de un caballero andante en aquellos tiempos, y si se concertaban por meses, o por días, como peones de albañir”.

Y es que, amigas y amigos, Don Quijote significa la máxima expresión del sueño de vivir sin ataduras, la sabiduría del caballero, del hombre consciente que conoce que el sentido de la vida está en la libertad de buscar, de ver y de ser uno mismo, y no en lo que los demás quieren que veamos o seamos, aunque esto pueda ser tildado de locura. Y Sancho Panza representa el alma del pueblo, de los humildes, un personaje lleno de sabiduría primaria, popular; en él se mezclan una clara bondad con la admiración por su amo, pero, también el sentido práctico y materialista de la vida, el egoísmo, la picaresca, el escepticismo y el realismo vital.

Dos mundos que reflejan dos formas distintas de entender la vida. Así, Cervantes nos dice de Don Quijote que del mucho leer y el poco dormir se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio. Mientras que Sancho, la voz de la realidad, es reflejado como un gran hombre del pueblo, sencillo, amigo de usar refranes, que no ha leído ninguna historia, puesto que ni leer ni escribir sabe.

Y es que Don Quijote es, también, un filósofo moral pero, sobre todo, es un gran maestro. Así, Don Quijote nos enseñó a todas y a todos que para guiar nuestra vida y nuestros actos, “para adornar el alma”:

“Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocimiento saldrá el no hincharse como la rana que quiso igualar al buey.

Haz gala de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores: porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio.

Si tomas por medio la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen por príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por si sola lo que la sangre no vale.

…Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como entre los sollozos e inoportunidades del pobre”.

Y, refiriéndose al gobierno de la persona y de la casa, para el adorno de nuestro cuerpo”, Don Quijote también nos enseñaba, al aconsejar a Sancho Panza, que:

“…No andes desceñido y flojo.

Toma con discreción el pulso a lo que pudiera valer tu oficio.

Anda despacio, habla con reposo pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo: que toda afectación es mala.

Come poco y cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

Sé templado al beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.

Sea moderado tu sueño, que el que no madruga con el sol no goza del día,…la diligencia es la madre de la buena ventura; la pereza, su contraria, jamás llego al término que pide un buen deseo”.

 Por otra parte, El Quijote es una de las obras que mejor conjuga lo trágico con lo cómico de la vida. El humor que Cervantes intenta transmitirnos es el aspecto ridículo que hay en las cosas serias, y lo serio que hay en su aspecto ridículo y absurdo. El humor cervantino hace que Don Quijote se “disfrace” de loco para hacer saltar la risa y la sonrisa, pero también nos introduce en un mundo donde incluso las aventuras más cómicas, absurdas o ridículas se convierten en heroicas y trágicas; despertando, al tiempo, en nosotros sentimientos múltiples y encontrados de alegría, diversión, risa, amargura y emotividad, de solidaridad con los oprimidos, de empatía frente la adversidad, de honda indignación ante la injusticia y el deseo de luchar contra los poderosos.

Esta fusión de sentimientos llega a su esplendor con la inversión de papeles entre Don Quijote y Sancho, modificando la conducta de los personajes; transformación que, con un sentimiento cómico, nos lleva a un nuevo planteamiento: Sancho será el verdadero inventor de Dulcinea y no Don Quijote.

Y es que si leemos El Quijote con cierta atención podemos percibir cómo la humanidad, la hondura vital y el sentido de los personajes va mucho más allá de la apariencia ficticia de irrealidad en la que se mueven o de cierta locura en la que viven. No se trata El Quijote, pues, de una obra de mera ficción humorística y divertida –sin dejar de serlo-, frívola o superficial. La profundidad y densidad del pensamiento de El Quijote se nos aparece tras una lectura atenta e inteligente de la obra.

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Veamos. Cervantes sabe y nos enseña a través de Don Quijote qué mal puede saber de la vida y del mundo y dar buenos consejos quien no conoce más que la tapia de su huerto o la pared de su hostería; que el vulgo y la gente del pueblo, lo mismo que los nobles, si no tienen conocimientos y saberes, aún perteneciendo a las clases más poderosas, no dejan de ser ignorantes, y que la razón de la ley no puede estar por encima de la libertad individual, ya que la ley depende del poder y la libertad de las personas. Que el ser humano es y debe ser siempre libre sin determinismo natural alguno, por encima de la sociedad de su tiempo, si quiere encontrar y vivir sus propios sueños, si quiere vivir su vida, por más loca que sea, aún en contra de la opinión de los demás, con entera libertad.

El propio Quijote nos enseña que: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, que “Donde una puerta se cierra otra se abre”, que “Cada uno es artífice de su propia ventura” y, con toda rotundidad, nos dice que “De altos espíritus es apreciar las cosas altas”, y que “Después de las tinieblas espero la luz”.

El Quijote no es sólo una obra profunda sobre los personajes, su realidad y sus pensamientos, sino que los ambientes, las costumbres, los valores, el contexto y la sociedad de la época son en él hondamente captados, reflejados y trasmitidos. Y es que como cree alguna gente en los pueblos de La Mancha y de España y también algunas personas en ciertos lugares de este hermoso Uruguay y de la América hispana, Don Quijote realmente existió. Puesto que de él se sabe muy bien quién es, qué hizo, cómo era físicamente, qué pensaba, qué quería, por qué y contra quién luchaba,…

Pero de Cervantes, en general, se sabe mucho menos o muy poco. Tal vez Cervantes fuese un mero sueño, un pretexto de Don Quijote para que él existiera y fuera una realidad y un modelo para nuestras vidas. Porque, vamos a ver, amigas y amigos:

¿Quién es más importante, famoso y conocido hoy en día: Cervantes o Don Quijote? ¿Cervantes creó y dio vida a Don Quijote o Don Quijote a Cervantes? ¿Quién es más real: Cervantes o Don Quijote? ¿Don Quijote existió realmente? ¿Lo imaginó o se inspiró Cervantes en un personaje real? ¿Don Quijote era Alonso Quijada o Alonso Quijano, el Bueno, como nos dice Cervantes, o fue el procurador Francisco de Acuña de Miguel Esteban, o el regidor Rodrigo Quijada o era Rodrigo de Pacheco de Argamasilla de Alba?, Esta sería la realidad oculta de Don Quijote… Pero eso es… otra historia.

Y es que, en este sentido, Don Quijote es un personaje muy real, porque no hay nada más real que ese canto a la libertad que es y supone El Quijote y su aventura existencial, esa búsqueda de sentido de la vida desde la vívida cotidianidad de los hechos y desde la cercanía de las cosas pequeñas, medianas y grandes que pasan y que, pasando, nos pasan.

A la vez, El Quijote es la primera gran historia de realismo mágico, fantástico, de un realismo rebosante de utopía. Y es una obra, tanto fruto del consciente como emanada del inconsciente, una historia para ser vista y contemplada desde un punto de vista psicológico y que puede ser analizada psicoanalíticamente. Incluso es una obra de arquetipos, que puede ser considerada como fruto del inconsciente colectivo, universal. ¿Quién duda de que ustedes y yo, de que todos y todas, amigas y amigos, somos Don Quijote, Sancho o Dulcinea o, incluso, que somos Don Quijote, Sancho y Dulcinea… al tiempo?

Y El Quijote es, además, una gran historia hermenéutica y esotérica, arabista, cabalística, gnóstica y religiosa, llena de signos, señales y presagios, de magia y de ficción, de interpretaciones, de misterios, de mística y ensoñaciones, de encantamientos y de encantadores, y de ciencias ocultas y revelación de energías psíquicas y espirituales, como reflejan, entre otras muchas, las extraordinarias historias del bálsamo alquímico y milagroso de Fierabrás, la bajada a lo profundo y las visiones de la cueva de Montesinos, y la supuesta percepción y vívida ensoñación de la subida y elevación al cielo de Don Quijote y Sancho en el caballo de madera Clavileño.

Porque la increíble vida de andanzas y aventuras de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha representa y es un gran viaje iniciático y mistérico, a la manera del viaje de Ulises en la Odisea o como lo es el Camino de Santiago: supone el final de un viejo recorrido vital e histórico, y, a la vez, el inicio de un nuevo y renovado viaje existencial, una innovación y una reciente utopía del individuo frente al mundo, donde la vida es, al tiempo renovación, sueño imaginario y verdad racional en la búsqueda de sentido, del sentido de la vida, social, en general, y de sentido vital, personal, en particular.

Fíjense bien en esta idea: Don Quijote va ciega y valientemente por la vida buscando e intentando encontrar el sueño, una utopía real y realizable que nos haga vivir, nos ayude a existir y a comprender mejor y a cambiar la realidad. Don Quijote encarna la búsqueda de la utopía hecha realidad, uno de cuyos exponentes máximos es el amor de la ilusión o, mejor la ilusión del amor. El deseo del amor y el amor del deseo. Y el profundo sentido de igualdad y de poder que el amor crea y propicia.

En este sentido, Don Quijote nos revela sobre el amor con sus propias palabras, y con toda claridad, que el:

“Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama”, que “El amor es deseo de belleza”, que “Nunca fue desdichado el amor que fue conocido”, y que “El amor junta los cetros con los cayados; la grandeza con la bajeza hace posible lo imposible; iguala diferentes estados y viene a ser poderoso como la muerte”,

Así, en este concepto de amor, Dulcinea representa el mundo de las posibilidades ilimitadas, a través de un loco amor, no del amor de un loco; oponiéndose, con la fuerza de este amor, a un mundo real de escaso amor y a una cuerda e injusta sociedad de valores trastocados, de odios y de falta de ética y libertad verdaderas.

En un mundo perverso, de hambres, de guerras, de pobreza, de enfermedades, de intolerancia religiosa y política, de inquisición, de racismo, de crisis económicas, de relaciones humanas violentas e insolidarias, como el de la época en que El Quijote vive, a comienzos del siglo XVII -y también como es en nuestra propia época hoy en el siglo XXI- se puede llegar a pensar que no hay nada más sensato y con más sentido común que pensar que otro mundo es posible y que otro mundo debe ser no sólo posible, sino que puede existir y podemos construir otro mundo distinto al que vivimos y sufrimos, y ello es no solo positivo sino que es …absolutamente necesario. Pero, ¿qué mundo? ¿Y cómo vivir en él?

La obra de Don Quijote nos muestra que necesitamos vivir en una nueva realidad y salir del pueblo, a la calle, a los caminos de la vida para poder conocer y poder crear esa otra realidad, ese otro mundo, con más libertad, bondad, ética, justicia, paz, tolerancia y solidaridad. En definitiva, para poder vivir en un mundo más humano y menos inhumano. Pero, ¿este mundo existe, está presente? No. No está aún en ese espacio, ni tampoco está en ese tiempo. Ni está aún en este espacio, ni tampoco está en este tiempo. Está fuera de la realidad y del tiempo presentes, es, por tanto,…utópico, porque es o parece irrealizable en el momento en que se plantea. Este deseable mundo o sociedad perfecta es, mientras tanto, una utopía.

Pero no por ser utópico hoy este mundo perfecto y esta sociedad mejor no puede tener su topos, su lugar, y poder alcanzar su ser real mañana. La utopía, en este sentido, no es más que una hermosa realidad deseada y posible que aún no ha llegado, pero que es una posibilidad considerada muy real y que se precisa con urgencia, y aún cuando todavía no está, se la desea y espera: una utopía que es posible y que, sobre todo, es necesaria. En este sentido, El Quijote es, claramente, una utopía necesaria.

Porque, finalmente, démonos cuenta, amigas y amigos, que el Ingenioso Hidalgo y después Caballero, persigue, dentro de su sana locura, sobre todo el sentido de buscar, pelear y conseguir esta utopía. Porque ello es y lo que representa El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha: una gran utopía necesaria para nuestras vidas.

Don Quijote nos propone precisamente esto: frente a la aceptación del sentido común de la realidad racional, impuesta en la vida, propone la visión y la misión de un nuevo sentido para la existencia, el de la búsqueda de una utopía personal y social soñada en libertad. Esta impresionante lección, con este profundo y actual significado, es la que nos enseña, entre otras muchas cosas, el espíritu de Don Quijote, al que dio vida, ya hace 400 años, Miguel de Cervantes. Ayudemos a nuestro caballero a hacer este mundo posible creyendo en él. Luchando por él. Haciendo que la justicia, la dignidad, el amor y, sobre todo, la libertad de todas las personas, de todos nosotros y nosotras, no sean tomados -desde el profundo sentido común de la utopía que da sentido a nuestras vidas- por irreales y utópicos sueños, sino por una realidad efectiva y concreta en nuestra existencia y en nuestra sociedad.

Y es que, amigas y amigos, como Don Quijote nos dice con toda rotundidad y claridad:

“La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida”.

Este es el gran sentido común de la extraordinaria utopía aún por alcanzar que es y representa El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Y es que El Quijote es una espléndida inspiración, una gran utopía necesaria en nuestras vidas y en nuestros días, para todas y todos nosotros.

Y esto es cuanto quería decirles esta noche, no sin antes solicitarles su indulgencia para mis palabras, agradecerles su presencia en este acto, su quijotesca paciencia y demostrada amistad, siendo que antes de acabar quiero agradecer muy especialmente la invitación hecha a mi persona por la Comisión de Fomento del Barrio Larrañaga y por haber organizado este acto realizado en esta importante Facultad y en este bello Barrio Cervantino de Larrañaga, donde tanto se ama a Miguel de Cervantes, y a quien se ha dedicado una plaza: la de Alcalá de Henares, y donde sus calles llevan nombres tan hermosos y evocadores como Don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea y Galatea, y en esta bella ciudad de Montevideo, merecidamente recién nombrada este año, junto a la propia Alcalá de Henares en España, a Guanajuato en México y a Azul en Argentina, la cuarta Ciudad Cervantina del mundo.

Permítanme terminar la presente charla quijotesca con las palabras del gran escritor y quijote uruguayo Eduardo Galeano, en homenaje a Uruguay, a Montevideo y muy especialmente a su memoria. Y es que al igual que Don Quijote, el otro gran caballero andante Eduardo nos decía: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos y ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá…. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve …para caminar”.

Señoras damas y caballeros andantes, a todas y a todos, muchas gracias.


Bibliografía del Quijote en la Biblioteca AECID


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