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Biblioteca Islámica

Sensibilidad de un “joven turco” despiadado



Jesús Albert Salueña, autor de esta entrada, es coronel de Artillería diplomado de Estado Mayor en situación de reserva. En los últimos años se ha centrado en el estudio del mundo árabe y musulmán, en especial el periodo del Protectorado español en Marruecos, habiendo publicado varios artículos sobre el tema y colaborado en diversas obras colectivas.

Actualmente está elaborando su Tesis Doctoral, sobre el Protectorado Español en Marruecos entre 1931 y 1945, bajo la dirección de los profesores Bernabé López García y Miguel Hernando de Larramendi.


En unos momentos en que las palabras Jihad y Califato copan los titulares de los noticiarios de todo el mundo, y tras la conmemoración del centenario de la Primera Guerra Mundial, es conveniente recordar cómo en noviembre de 1914, en el nombre del Sultán del Imperio Otomano, Mehmed V (que a este título unía el de Califa de los musulmanes), se proclamó en Estambul la Jihad contra los gobiernos ruso, francés y británico, bajo cuya autoridad colonial se encontraban cientos de millones de musulmanes.

Esta coincidencia de circunstancias me llevó a revisar la participación otomana en la Gran Guerra, tema prácticamente inédito en España ya que la actuación del Imperio Otomano en este primer gran conflicto del siglo XX es entre nosotros un hecho poco conocido. De forma general, las ideas sobre el tema se limitan a los estereotipos difundidos a través del cine, gracias a películas como Lawrence de Arabia y Gallipoli o, más recientemente, El maestro del agua, que proporcionan una visión sesgada o, cuando menos, poco fidedigna de la realidad histórica.

Lawrence_de_Arabia-588633055-mainGallipoli-130808203-mainEl_maestro_del_agua-657397070-main

Hasta hace pocos años no existía, al menos que yo conozca, ninguna obra específica en castellano sobre este tema, con la excepción del texto autobiográfico de Rafael Nogales Méndez, Cuatro años bajo la Media Luna (0B-52729), que, a pesar de su gran valor como testimonio de primera mano, tan solo ofrece una visión parcial del conflicto: la percibida desde el punto de vista del autor. Ya en 2015 se ha publicado la versión castellana de la obra de Eugene Rogán La caída de los otomanos que, hoy por hoy, constituye la monografía más completa sobre la participación del imperio otomano en la Gran Guerra.

Dejando de lado los numerosos trabajos en idioma turco sobre los otomanos en la Gran Guerra, prácticamente desconocidos en España salvo en los reducidos círculos de quienes dominan ese idioma, para saber sobre esa cuestión es necesario acudir a lo publicado por autores británicos, franceses y alemanes, quienes, generalmente, estudian el conflicto desde sus puntos de vista nacionales y en cuyas obras a los otomanos les es asignado el papel de enemigos, en el caso de los autores británicos y franceses, o de meros auxiliares, en el de los alemanes.

Ante la dificultad de localizar bibliografía específica, he acudido, una vez más, a los fondos de la Biblioteca Islámica, sin duda el centro más completo en lo referente a estudios sobre el mundo árabe y musulmán existente en España.

Claves para conocer la modernización de los ejércitos otomanos a lo largo del siglo XIX son las obras de Odile Moreau: Réforme par le haut, réforme par le bas: la modernization de l’armée aux 19e et 20e siècles (4-54450) y L’Empire ottoman à l’âge des reformes: les hommes et les idées du “Noveau Orde militaire 1826-1914” (4-55683).

Más próximos a la Gran Guerra y centrados en aspectos como el armamento, reclutamiento, instrucción y formación de cuadros de mando del ejército otomano, así como sus operaciones durante la guerra, son los trabajos de Edward Erickson, militar norteamericano con destinos en cuarteles generales de la OTAN en territorio turco y que ha trabajado los poco accesibles y casi desconocidos archivos militares turcos. Sus obras: Defeat in detail: the Ottoman army in the Balkans, 1912-1913 (4-46182); A military history of the Ottomans: from Osman to Atatürk (4-33276); Ordered to die: a history of the Ottoman army in the first World War (4-41131) y Ottoman army effectiveness in World War I: a comparative study (4-53998), son textos imprescindibles para conocer la intervención del ejército otomano en una guerra que se prolongaría durante cuatro años.

En las obras de Erickson queda patente la admiración que, como militar, le produce que el ejército otomano, fuerza armada de un país no industrializado, fuese capaz de combatir eficazmente durante tanto tiempo en una guerra moderna. Sobre todo, al hacerlo en escenarios muy diversos como las altas y nevadas montañas del Cáucaso, los desiertos de Yemen, Arabia, Mesopotamia y Palestina, las llanuras centroeuropeas de la Galitza Austro-Húngara, las riberas del Danubio, Tracia o la reseca península de Gallipoli, venciendo a sus enemigos en varias batallas claves de la guerra y deponiendo las armas tan solo después de la rendición de sus aliados búlgaros y austro-húngaros.

Sin embargo, el objeto de estas líneas no es describir el desarrollo de las operaciones ni la actuación de las fuerzas militares otomanas durante la guerra. Como tantas veces sucede, el análisis de la bibliografía de una de las obras empleadas en el estudio, nos lleva a otro trabajo y este a su vez a otro…En este proceso localicé, también entre los fondos de la Biblioteca Islámica, una obra poco conocida del japonés Masayuki Yamauchi, The Green Crescent under the Red Star Enver Pasha in Soviet Russia 1919-1922 (4-29908).

Sin duda, la figura de Enver Pasha es una de las más atrayentes de la historia otomana de esos años y, solo su enemistad personal con su antiguo subordinado y rival, Ataturk, que todo lo fue en la moderna Turquía, ha oscurecido su imagen. Miembro destacado del Comité para la Unidad y el Progreso (C.U.P.) que bajo el nombre de “Jóvenes Turcos” trató de modernizar el imperio otomano; fue el organizador, en 1912, de la resistencia otomana contra la invasión italiana en Cirenaica y Tripolitania; héroe de las guerras balcánicas; miembro del triunvirato que rigió el imperio entre 1913 y 1918; elemento clave en la participación de los otomanos en la guerra y en su alineamiento con Alemania; Ministro de la Guerra y Jefe del Estado Mayor General y general, en ocasiones victorioso y en ocasiones estrepitosamente derrotado, durante la Gran Guerra.

A este protagonismo político y militar se une la acusación de ser uno de los responsables de la muerte de cientos de miles de armenios.

Al final de la guerra, como otras destacadas figuras del régimen de los “Jóvenes Turcos” escapó de Estambul a Berlín y más tarde a Moscú. En esta ciudad se adhirió, al menos aparentemente, a las ideologías comunistas, participando, en septiembre de 1920, como unos de los ponentes en el Primer Congreso de los Pueblos de Oriente en Bakú organizado por Zinoviev según las directrices de Lenin. Sin duda, esta pretendida adscripción al comunismo no fue más que un intento de recuperar influencia y poder político pues, poco después, no dudó en abandonar a los comunistas para ponerse al lado de los Basmajis, musulmanes turcófonos de Asia Central que se oponían a los designios comunistas y trataban de preservar su reciente y precaria independencia.

Su final, épico, estuvo acorde con su vida, muriendo en Tayikistán, dirigiendo una carga de la caballería Basmaji contra los bolcheviques.

Para mí, ciudadano occidental y víctima de los prejuicios propios de nuestra cultura resultó una sorpresa descubrir, gracias a Yamauchi, cómo Enver Pasha frecuentemente y a pesar de lo azaroso de los últimos años de sus vida, escribía cartas a su lejana y única esposa, Emine Naciye, sobrina del sultán. Estas cartas se conservan en los archivos del Türk Tarih Kurumu (Sociedad Histórica Turca), si bien Yamauchi afirma no haber sido autorizado para consultarlas.

La última carta que Enver envió a su esposa, el 24 de julio de 1922, poco antes de su muerte en combate, es parcialmente recogida por S.R. Sonyel en su artículo “Enver Pasha and the Basmaji Movement in Central Asia” publicado en Middle Eastern Studies vol. 26 nº 1 Jan. 1990, pág. 52-64, su texto reza así:

“Termino mi carta con estas frases finales: además de las flores silvestres de este lugar que te he estado enviando, también he añadido una ramita del árbol bajo el cual he estado durmiendo tantas noches… os encomiendo a ti y a mis hijos a Ala… He grabado con mi cuchillo tu nombre en el árbol… Tu Enver”

La ternura manifestada en esta última carta está muy lejos del estereotipo que en España es habitual sobre el comportamiento de los varones orientales en el ámbito de las relaciones hombre-mujer y descubre cómo a pesar de la evidente dureza del despiadado hombre público, militar, político y gobernante, su sensibilidad era más que evidente en la intimidad familiar.

Jesús Albert Salueña

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