Leyendo...
Biblioteca Hispánica

Regresa a la AECID un cuadro de José de Páez: “Nuestra Señora de Guadalupe”


María Blanco Conde , Conservadora Colección AECID

Hasta hoy, se encontraba fuera de la sede de la AECID y forma parte de nuestra colección de arte una maravilla americana, un lienzo de grandes dimensiones del célebre pintor novohispano especializado en asuntos religiosos, José de Páez (México, h. 1720 – 1790): “Nuestra Señora Virgen de Guadalupe” (Nº de Inv. 2998 CA) uno de los temas principales dentro de la producción de este artista y que el Instituto de Cultura Hispánica había adquirido a principios de la década de los años cincuenta del pasado siglo para decorar el Colegio Mayor Hispanoamericano, Nuestra Señora de Guadalupe. Allí ha permanecido todos estos años y desde junio de 2016 se expone en las salas de lectura de la Biblioteca Hispánica.

Nuestra Señora Guadalupe

Pintado al óleo sobre lienzo, mide 170 x 104 cm; además de estar firmado y fechado en 1775, cuenta con una inscripción en la parte inferior “Non Fecit Taliter Onmi Nationi” lo que traducido del latín sería como “no hizo nada semejante por ninguna otra nación”, una frase que aparece en La Biblia, salmo 147, versículo 20, de donde la obtuvo fray Francisco López, un jesuita mexicano del siglo XVIII y que El Papa Benedicto XIV (Bolonia, 1675 – Roma, 1758) autorizó que ese mensaje histórico y profético se colocara junto a la imagen de la Virgen de Guadalupe en 1754.

La historia inicial de Guadalupe parte de 1531 según la tradición, y como recoge el teólogo Miguel Sánchez (1), Nuestra Señora volvió a manifestarse en 1541 al indio Juan Diego dejándole, como comprobación de su hierofanía, una imagen de madera de factura tosca. De ahí nace la necesidad que siente el pueblo de cubrir a esta imagen con túnica, corona, collares y, en definitiva, de riquezas. Su desarrollo iconográfico se expandió rápidamente, en particular la relación simbiótico-materna entre México y la Virgen de Guadalupe y su dimensión como protectora de los criollos -por ser criolla ella misma- y cuya devoción perdura hasta nuestros días.

Los primeros repertorios iconográficos guadalupanos surgen a principios del siglo XVII a través, primero, de las estampas de grabados de Miguel Sánchez, el flamenco Samuel Stradanus y Antonio de Castro (en ese momento la imagen pictórica tenía más importancia devocional y social que artística), y pronto los artistas americanos interpretarían estas estampas calcográficas, de modo que su imagen se expandió rápidamente utilizando otras técnicas. Así, uno de los primeros artistas españoles en representarla al óleo fue Baltasar de Echave Orio (Zumaya, 1540-México, 1620), con su Virgen de Guadalupe, fechada en 1606 y en colección privada, en México D.F. Es copia fiel y exacta a la de la AECID en la manera de representarla.

A la Virgen de Guadalupe se la identifica con la diosa Tonantzin y se ha reproducido en todo tipo de materiales a lo largo de la historia (Barea Azcón, P. La iconografía de la Virgen de Guadalupe en España). Se la ha intentado relacionar con la de Extremadura, pero apenas tienen algo más en común que el nombre.

Se la representa como una Inmaculada orante, similar a la mujer que nos presenta el Apocalipsis, de pie sobre la luna en cuarto creciente y rodeada por rayos de sol y con corona de oro. Viste una túnica roja bordada en oro; Sobre ésta el manto azul salpicado de estrellas, sostenido en la parte inferior por un serafín (2) que permanece con las alas extendidas de color rojo, azul y amarillo bajo sus pies. Su indianidad se manifiesta en su piel de color gris aceitunado pero tiene facciones europeas. Dicha pintura novohispana, como escribió Miguel Solá, se caracteriza por su “colorido agradable, suavidad en el dibujo y morbidez en las figuras y por amaneramiento en el trato de los paños”. (3)

Sin duda, esta pequeña joya es un buen ejemplo de la pintura que se realizaba por los artistas del Virreinato de Nueva España (1535-1821) un extenso territorio establecido tras la conquista del Imperio Azteca cuya capital era la ciudad de México, que en el último tercio del siglo XVIII en el que fue pintado el cuadro, contaba con más de cien iglesias y capillas.

detalle de la firma

El tema guadalupano fue plasmado por los principales artistas del siglo XVIII novohispanos además de Páez quien siguió las directrices de su maestro Juan de Correa. Éste desempeñó un importante papel a la hora de propagar su culto, codificando la imagen ortodoxa de la Virgen de Guadalupe, cuya obra más antigua que se conoce en la obra de Correa, fue la realizada en 1667, destinada al Monasterio franciscano de Valladolid.

La existencia de numerosos lienzos con este mismo asunto realizados por otros importantes y destacados pintores novohispanos como Juan de Villegas, Antonio Rodríguez, Miguel Correa, Miguel Cabrera, Miguel González, José María de Alcíbar, Miguel Rodríguez, Manuel Arellano y Francisco Martínez confirman su difusión iconográfica por ser de factura indígena. En España este mismo modelo se conserva en diferentes colecciones institucionales y privadas que son el resultado del estrecho intercambio artístico existente a lo largo del periodo virreinal entre España y América.

Aunque de José de Páez se conocen pocos datos biográficos fue uno de los pintores más activos de la escuela novohispana de la segunda mitad del siglo XVIII. Continuador de la estética de su maestro y de Miguel Cabrera (Oaxaca, 1695- México 1768) quien había sido el pintor oficial de la Compañía de Jesús mexicana. Cabrera escribió, en colaboración con otros autores, un estudio sobre la Virgen de Guadalupe y Páez no hizo más que seguir la estela de los que antes la habían representado.

José de Páez, del que los historiadores dicen que no resultó un pintor demasiado original, obtuvo importantes encargos y fama en su época, realizó modelos de gran dulzura, belleza ideal, plasmando rostros ovalados y poco expresivos. Excelente retratista, fue el pintor preferido de algunas órdenes como los franciscanos y betlemitas. Su obra religiosa acapara la mayor parte de su producción aunque también realizó una serie de castas (4) y retratos.

Las imágenes de la Virgen de Guadalupe tienen, principalmente, una función devocional. Formaron parte de los equipajes de retorno de muchos de los funcionarios y clérigos en la Nueva España, y de los encargos de algunos de ellos para sus poblaciones de origen en España. Así lo demuestra una inscripción que aparece en el reverso del lienzo:

Inscripcion Páez

“Esta copia de Nra. Sra. De Guadalupe Mexico, la/remite D. Joachin Xavier de Vria Cont-or de la Con/taduria del Viento, y Ramo Rl. De Pulques de la ciu/dad de Mexico, â su sobrino el Licenziado D. Ber/nardo Sanz y Vria Cura de Morcuera”.

 

En cuanto a la procedencia inicial de la obra podemos señalar que esta pintura corrobora otras investigaciones sobre el destino del encargo. La presencia de la pintura virreinal en España como parte de ajuares y donaciones de indianos a sus respectivas localidades de origen y parientes, explica la presencia de la obra de Páez en España.

Al descolgar la obra de su ubicación anterior en el Colegio Mayor, se ha descubierto la existencia de una  inscripción al dorso del lienzo que subraya la presencia de obras suyas en la península, tales como:

-un retablo de la Virgen de Guadalupe, encargo de Don Diego López Ballesteros y Mondragón para la Capilla del Pazo de La Golpelleira, en Villagarcía de Arousa consagrado en 1776.

-Otro que se encuentra en Sevilla, en el Museo del Convento de Santa Paula.

-Un lienzo más de la Virgen de Guadalupe en Tenerife, en la Iglesia de Santa Catalina de Tacoronte.

Por último, señalar que el mayor número de obras de José de Páez en España se conservan en el Museo de América, aunque ninguna representa a la Virgen de Guadalupe, se trata de seis cobres y un lienzo de asunto religioso y dos retratos (5).

Su obra se encuentra en los principales museos y colecciones americanas.

 


Notas:
(1) Sánchez, M.: Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en la ciudad de México, celebrada en su historia, con la profecía del capítulo doze del Apocalipsis. Ciudad de México. 1648. Reed. Ciudad de México: Tradición, 1981.
(2) La iconografía cristiana representa a los serafines como seres alados, pero con la peculiaridad de poseer tres pares de alas, el primero de los cuales tapa su rostro ya que, al ser los seres más bellos del universo, sólo Dios tiene derecho a contemplarlos. Con el segundo par de alas vuelan y el tercero cubre sus pies, pues simbolizan así la eterna humildad y amor debidos sólo a Dios
(3) Sola, M.: Historia del Arte Hispanoamericano, 1935
(4) La pintura de castas fue un fenómeno artístico que existió principalmente en Nueva España en el siglo XVIII. Eran, en parte, producto de la Ilustración e intentaban representar las muchas castas, es decir el resultado de la mezcla de razas, que existían en el Nuevo Mundo.
(5) García Saíz, Mª C. “Obras de José de Páez en el Museo de América”, En: Cuadernos Hispanoamericanos, 1976, nº 308, p. 51-66. También se puede consultar la Red Digital de Colecciones de Museos de España

Más información en:

Catálogo de la colección artística de la AECI / [inventario, textos, documentación y edición de María Blanco Conde]


 

Anuncios

Acerca de biblioaecidmadrid

Bibliotecas Hispánica, Islámica y de Cooperación

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Estadísticas del blog

  • 178,654 visitas

Todas las entradas cronológicamente:

A %d blogueros les gusta esto: