Leyendo...
Biblioteca Islámica

Las huellas olvidadas: un recorrido por los vestigios de la arquitectura española de Marruecos durante el Protectorado



Pablo Alcalde Subias ha estado dedicado a la dirección de programas de Cooperación internacional y Ayuda humanitaria en diversos países de África, Asia y Latinoamérica durante los últimos 15 años. Cuando el tiempo libre lo permite, tiene entre sus inquietudes recorrer los caminos del norte y sur de Marruecos indagando sobre los rastros de la historia de estos territorios.

(pabloalcalde1@hotmail.com)
espacio

Pocos vestigios permanecen en pie en el Marruecos rural y profundo de tantas décadas de vivencias comunes y cotidianas con España. Siendo así ¿qué análisis objetivo es posible hacer de la relación entre ambos pueblos cuando lo que va quedando como testimonio de ello apenas son un montón de ruinas desmoronadas?


pablo-alcalde

La etapa del Protectorado español de Marruecos se extendió entre 1912 y 1956. Para muchos existe la sensación de que no fueron esos unos tiempos de plena armonía y fraternidad. Y es cierto, no siempre fue así. Por eso todavía en nuestra memoria albergamos la impresión de que ese periodo de historia conjunta ha consistido, poco más o menos, en una sucesión de hechos belicosos en los que, tras los relatos épicos de las batallas, no hay más que un inútil legado de sangre, juventudes truncadas, pueblos castigados y rencor.

Se tiende a asociar el pasado común hispano-marroquí con una copiosa descripción de guerras y desencuentros. De intolerancia y mutua incomprensión. Así nos lo han ido transmitiendo exhaustivamente crónicas y libros. Y, sin embargo, buena parte de las facetas positivas de esta relación pasan a menudo desapercibidas frente a la abrumadora persistencia de otros aspectos que, aunque nefastos, no deberían dejar en la sombra otras visiones menos demoledoras de la realidad. Se ignora lo constructivo de muchos años de convivencia, de rasgos de concordia y de trabajo colectivo. Se olvida el esfuerzo compartido y con ello se pierden los signos que pudieran facilitar una perspectiva más cierta y más justa de lo que pasó entre dos pueblos vecinos. Porque la objetividad sobre lo acontecido en el ayer debe buscarse siempre averiguando en las raíces de la relación entre gentes y pueblos, y no exclusivamente en los avatares puntuales inducidos desde despachos y cuarteles.

Cuando hablo de huellas no voy a referirme al valioso patrimonio existente en los centros urbanos de Tánger, Tetuán o Larache, donde abundan, en mejor o peor estado, evidencias a menudo brillantes de esa historia común, sino al Marruecos de las honduras de su mundo rural.

A lo largo de tantos viajes por los caminos del Yebala y del Rif, poco a poco fueron llamando mi atención un sinfín de señales de aquellas épocas. Por supuesto abundaban los castillos, fortalezas, torres, restos de campamentos y blocaos. Pero había también otros rastros que, inicialmente, había pasado por alto. Así, observando con mayor curiosidad, me sorprendió encontrar recuerdos evocadores del pasado hasta en las más remotas aldeas y aduares de las montañas: En esos lugares, todavía en uso, pequeñas escuelas construidas por manos anónimas hace décadas, continúan albergando vivaces nubes de niños frente a una pizarra desvencijada. El sistema de escuelas rurales en el norte de Marruecos se asienta en la red tejida a partir de los años 30 y 40.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

En esas y en otras poblaciones también encontré, decaídas unas y a veces en pleno rendimiento otras, como ajados testimonios en azulejo y piedras labradas, decenas de dispensarios y centros de salud enclavados hasta en lugares de difícil acceso como Khemis Anjra, Tzenín de Ait Hadifa, Issaguem y otros muchos.

Indagando un poco más, fui descubriendo la pervivencia, en algunos valles, de las granjas y obras de regadío que se construyeron entre huertas y que aún en estos días hacen posible el riego en la cuenca del río Lau. O también del río Lucus, al otro extremo. Y las represas de Najla o Sidi Alí, acumulando hasta hoy miles de litros de agua para impregnar de verdor la aridez de estos paisajes. También están ahí los zocos con sus puestos cubiertos, sus muros, el pórtico de arco de herradura a la entrada de cada pueblo. O mezquitas, como Snada y su esbelto minarete; o madrasas, como la que sigue activa en Meloussa. Las ruinas de orfanatos y comedores infantiles en Axdir, el matadero de Imzoren, el acueducto de Sedun o los molinos, lavanderías y canalizaciones en Xáuen.

Aeropuertos todavía en uso, como Sania Ramel. La base de hidroaviones abandonada en el Atalayón. Faros, vías y estaciones de tren; carreteras y puentes. Viviendas, hoteles, plazas, paseos, urbanizaciones, mahcamas y edificios administrativos, algunos de ellos en buen funcionamiento. Ciudades enteras diseñadas e impulsadas desde entonces y que ahora abordan el futuro con vigor, como Alhoceima (Villa Sanjurjo) o Nador.

En un paraje aislado del valle del Nekor hay un interesante ejemplo, cada día más decrépito pero no por ello menos altivo: sobre un atalaya se erige la que fue sede de la oficina interventora regional de el-Arbáa de Taourirt. El conjunto es obra de Emilio Blanco Izaga, personaje que bien simboliza ese perfil de hombre dedicado a mejorar la vida de las gentes de la región que le fue asignada en su destino como interventor. En Taourirt están todavía en pie las edificaciones de lo que fueron, formando un complejo arquitectónico original, el dispensario médico, la madrasa, almacenes, cuadras, oficinas, etc.

0cartel-de-turismo-bertuchi-opcionalLejos de allí, subiendo a las alturas cordilleranas de Ketama, llama la atención encontrar en óptimo funcionamiento el que fue Parador de Turismo (actual hotel Tidghine, de 4 estrellas), erigido en aquel lugar en 1932 y remodelado tras un incendio. Tiene acceso, como todas estas zonas postergadas del Rif, a través de la red de carreteras desarrolladas en los años 40 para comunicar esta remota región. Por el contrario, no pude encontrar ni rastro a una iniciativa tan singular como la Escuela de Artes y Oficios de Tagsut que, siguiendo el modelo de la Escuela de Tetuán, hoy vigente, impulsara el gran pintor y gestor cultural Mariano Bertuchi en estos parajes de alta montaña. Hasta en estos lugares tan recónditos hubo empeño en ofrecer alternativas y futuro aunque ahora, pasada la acción demoledora de años de desidia, cueste demostrarlo.

Yendo mucho más al sur de Marruecos, en el enclave de Sidi Ifni, también aparecen las mismas evidencias, tan evocadoras como sumidas en un estado ruinoso. Un día, conversando ante unos vasos de té con el actual dueño del hotel Suerte Loca (antiguo hotel de la época, uno de los principales de la localidad), me insistió en la importancia que tendría para ellos, para los pobladores que heredaron legítimamente esas obras, el poder conservarlas como un digno referente propio.

Ciertamente la relación se hace interminable a lo largo del país vecino. También en la franja sahariana de lo que fue el Protectorado Sur subsisten interesantes vestigios de un pasado en positivo: el zoco, las escuelas o el teatro de Tarfaya; el hospital o el club deportivo de Tan Tan. Casi todo arruinado en la actualidad.

¿Qué queda de ese legado? ¿En qué pistas y señales podemos refutar la otra faz de la historia genuina, la de los pueblos que trabajan para prosperar? La constatación física de estas nutridas páginas del pasado común de Marruecos y España está desapareciendo bajo las ruinas y a nadie parece importarle. Más allá de ciertos edificios principales de las grandes ciudades y, exceptuando algunas de aquellas obras que siguen cumpliendo su función o han sido adaptadas a nuevos menesteres, una considerable parte de las huellas de esas etapas de vecindad se encuentran, hoy por hoy, en un lamentable estado de abandono. Y, sin embargo, por la memoria de las buenas vivencias de tantos marroquíes y españoles, valdría la pena el esfuerzo de tratar de frenar el olvido y hacer de ese patrimonio de todos un testimonio provechoso para generaciones venideras.

Porque hay, en efecto, y digan lo que digan las enciclopedias, una versión civil, humanizada por la población local, no tan belicista y hostil de la historia común, y es preciso poner en evidencia esta interpretación para tener una valoración más ponderada del pasado: para encontrar elementos válidos que contribuyan a allanar el proceso necesario de la convivencia y de la integración de los pueblos destinados a fundir sus destinos en el mundo.


En la biblioteca disponemos de dos obras inéditas de Pablo Alcalde:

Escenarios de una historia común hispano-magrebí [Material gráfico] / Pablo Alcalde Subias

Huellas olvidadas : vestigios de la historia española en el norte de África [Material gráfico] /Pablo Alcalde Subias


Bibliografía recomendada por el autor

 


ENTRADAS RELACIONADAS

diagrama-entradas-protectorado2


Anuncios

Acerca de biblioaecidmadrid

Bibliotecas Hispánica, Islámica y de Cooperación

Comentarios

2 comentarios en “Las huellas olvidadas: un recorrido por los vestigios de la arquitectura española de Marruecos durante el Protectorado

  1. La bibliografía sobre Marruecos se ha enriquecido afortunadamente. Os contaré una anécdota personal: Paseaba yo un día por el Boulevard Pasteur, cerca de la famosa Librairie des Colomnes,de Tánger cuando me paré ante una tienda de ropa de caballeros y mi sorpresa fue que vi en el escaparate una noticia de un libro sobre Tánger por un tal señor Isaac J. Assayag. Entré a preguntar y me encontré con la hermana del autor, ya fallecido. Era Lina Assayag que me contó más detalles de la obra de su hermano. Se trataba de la obra titulada: “Tanger: regards sur le passé”, muy interesante, de 743 páginas. Estuve en contacto con esta señora después. que vivía en Málaga, cerca de la Costa del Sol, creo recordar.

    Publicado por Fernando De Ágreda Burillo | 21 de noviembre de 2016, 7:55 pm
    • Fernando, muchas gracias por la anécdota y también por el libro, que está incluido en la donación que hiciste a la Biblioteca Islámica. Lógicamente, esta es la manera de enriquecernos colectivamente y de generar nuevos conocimientos.
      Un saludo afectuoso

      Publicado por biblioaecidmadrid | 22 de noviembre de 2016, 3:20 pm

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Estadísticas del blog

  • 186,206 visitas

Todas las entradas cronológicamente:

A %d blogueros les gusta esto: